DEJANDO HUELLAS EN LA NIEVE

Si algo abunda en nuestra ciudad durante invierno es la variedad de deportes que podemos disfrutar en la nieve. Tal es así que muchos chicos deciden dedicarse a su práctica intensiva, como ocurre con Tomás Cantero, un joven de 19 años ya convertido en esquiador profesional que nos representa en el nivel mundial. Por esta razón, dialogamos en exclusivo con Tomás para que nos cuente cómo es su día a día.

© Juan Ignacio Ludman

Podrías contarnos brevemente cómo fueron tus comienzos en el esquí.

T.C.: Yo nací en Ushuaia y mi familia nunca había esquiado, soy el primero. Mi papá siempre fue un aficionado a la montaña y a mis 4 años me llevó al glaciar Martial para aprender a esquiar. Ahí tuve algunos instructores, después ya esquiaba solo con mi papá, un par de veces a la semana hasta que me gustó cada vez más y me anotaron en la escuelita del Club Andino Ushuaia para ir al Cerro Castor. Cuando tuve la edad para entrar en lo que se llama el grupo de precompetición, realmente no era un esquiador que se caracterizaba por su técnica, yo solo esquiaba y disfrutaba los buenos momentos en la nieve. A los 11 años competí por primera vez en Esquel, en una carrera en la que participaban chicos de Chile también, no tengo muchos recuerdos, sé que no fue la mejor experiencia, pero poco a poco fui agarrando ritmo hasta hoy. Lo demás es historia...


© Juan Pablo Vallecillo

¿Siempre te gustó o se fue dando solo?

T.C.: Mientras practicaba esquí siempre jugaba al rugby y al hockey sobre hielo, aunque llegó un momento en el que no podía hacer las tres cosas si de verdad quería ser bueno en alguna de ellas. Es probable que haya sido mejor jugador de rugby, pero me veía de grande como un gran esquiador. Era mi pasión y sabía que no iba a ser fácil. Dejé todo lo que tenía para lograr mi sueño, y ¡qué buena elección hice! Hoy, esto es mi vida, no me arrepiento un segundo de haber dejado tantas cosas de lado, salidas con amigos los fines de semana, no ver a mi familia por tantos viajes, estar siempre lejos de casa, extrañar a todos, pasar mucho frío en los entrenamientos y carreras. Cuando logré un cuarto de las cosas que me había planteado, me di cuenta que había valido la pena tanto sacrificio. Cada persona busca la felicidad como quiere, ¡y yo lo hice así!


Sabemos que desde hace un tiempo te encuentras compitiendo tanto dentro del país como afuera, ¿te imaginabas viviendo esa experiencia?, ¿qué se siente?

T.C.: A los 13 años viajé por primera vez a Europa, estuve 28 días en Courchevel, Francia, uno de los mejores centros de esquí que visité. Fue una experiencia única. La verdad que de chico no imaginaba que con 19 años hubiera visitado Europa más de siete veces, aunque es parte del entrenamiento y, sí, es verdad que muchas veces paseamos y conocemos lugares nuevos, pero nuestra estadía es únicamente para entrenar y competir.


Hace unos meses estuviste compitiendo en el Viejo Continente, ¿podrías contarnos cómo lo viviste?

T.C.: Viajé desde el 10 de enero hasta el 12 de abril con el equipo argentino de esquí alpino. Hicimos base de entrenamiento en Pozza di Fassa, Italia, y nos fuimos moviendo por los alrededores para competir. Participamos en más de dieciséis carreras en esos meses y la verdad es que fue la mejor temporada de mi carrera, pude cumplir todos los objetivos e incluso mejorar mis resultados de Sudamérica del año anterior. Tuve la oportunidad de competir en mi primer mundial juvenil que se hizo ahí, en Pozza di Fasa, en la disciplina de slalom gigante, mi especialidad, y me fue bastante bien por haber sido mi debut en un mundial.


¿Cuánto tiempo de preparación se requiere para llegar a participar en dichas categorías?

T.C.: Depende mucho de la persona, son muchos años de trabajo físico y mental para poder llegar a ser un atleta de alto rendimiento, en cualquier deporte, pero específicamente en el que practico se necesitan muchos kilómetros arriba de los esquíes, ir encontrando sensaciones y que esquiar sea como caminar, además hay que saber lo que uno quiere y sacrificarse para lograrlo.


¿Cómo definirías la vida del esquiador profesional?

T.C.: El esquiador profesional es alguien que viaja mucho, realmente pasás seis o siete meses del año solamente esquiando, rodeado de nieve y con frío. Hay muy poco tiempo para el verano, y esos días de descanso en la playa, la verdad, son importantísimos. Es muy complicado por todo, estás mucho tiempo fuera de casa, hay momentos en los que te sentís muy solo, pero cuando las cosas se empiezan a dar, te das cuenta que eso es lo que te llena y te hace feliz, y que lo demás son pruebas para darte cuenta de que esto es lo que elegiste y el resultado es producto del esfuerzo.

© Abetone Sport

Sabemos que has sido uno de los jóvenes fueguinos becados por el Gobierno de TDF por el programa “Tu provincia, Tu sponsor”, ¿qué se siente al contar con ese apoyo y reconocimiento en tu Provincia?

T.C.: La verdad, es un honor y me siento superorgulloso de pertenecer a este programa de apoyo. El deporte que practico es extremadamente caro, demasiados viajes, muchos pares de esquíes, mucho equipamiento técnico, las cosas se rompen, todo es importante y, además, caro. Con esta ayuda las cosas comienzan a ser un poco más fáciles, se le da otra vista al deporte, la gente se motiva para comenzar a practicar alguna actividad, y la contención es fundamental para el atleta. Espero que el Programa continúe por mucho tiempo más, porque los resultados van a empezar a llegar.


© Malena Kuipers

Por último y agradeciéndote, ¿qué mensaje dejarías a los lectores de esta nota?

T.C.: Muchísimas gracias a la gente que leyó la nota. Espero que hayan disfrutado de mis palabras y experiencias sobre lo que es mi vida, el esquí, el deporte es un estilo de vida y todo el mundo debería probarlo al menos una vez. Hay muchas cosas extremadamente positivas que te llenan de valores y experiencias para el día de mañana. Quería agradecerle a ustedes por el espacio; a mi mamá y a mi papá, que sin ellos esto no sería posible; y a todos los que me han apoyado a lo largo de estos años, espónsores, amigos, entrenadores, a mi club, a mi mental coach, masajista y a la Federación Argentina.

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