RECETAS QUE LLEGARON EN ARCONES, BAÚLES Y VALIJAS O SIMPLEMENTE EN SUEÑOS DE ESPERANZA…

El 4 de septiembre es el Día del Inmigrante. El origen de esta celebración se debe a un decreto de J. D. Perón del año 1949, pero basado en una disposición dictada por el Triunvirato, allá por 1812. Indudablemente ¡desde el principio de nuestra historia fuimos y somos un pueblo formado por inmigrantes! En diferentes momentos y por diversas razones, ellos buscaron en nuestra tierra la esperanza de un futuro mejor… y sabiendo el sacrificio que eso significaba dejaron todo y se embarcaron en una de las más grandes proezas del ser humano… el desarraigo y la triste realidad de dejar todo… pero fundamentalmente los afectos y vivencias personales…


En situaciones como estas el hombre trata de llevar consigo innumerables recuerdos e incontables anécdotas, ya sea en registros físicos o simplemente en su memoria, que mantiene viva su identidad, costumbres e idiosincrasia.


Barcos llenos de grandes equipajes, que contienen seguramente tesoros personales de todo tipo… muchos con valor económico, pero la mayoría con un gran peso emocional… y dentro de esos objetos imagino cuadernos de recetas, bitácoras de sabores, registros de alquimistas del placer y los sentidos… tesoros que sin duda quedaron fuertemente arraigados en nuestra cultura y nueva identidad… la de argentinos y hacedores de esta hermosa tierra.


Recetas de inmigrantes hay muchísimas… y versiones de cada una de ellas, ¡muchas más! Si bien la inmigración en Argentina siempre estuvo bien marcada por la corriente europea de fines del siglo xix y principios del xx, en la actualidad somos un crisol de nacionalidades… un mosaico de culturas que se han ido ensamblando con el correr de los años obsequiándonos productos y comidas tan nuestras, pero que no mucho tiempo atrás fueron de otros, y que a lo largo de los últimos tiempos, gentilmente y sin que nos diéramos cuenta, ya son parte indiscutible de nuestro patrimonio cultural.


Cito al historiador Daniel Balmaceda, que haciendo referencia a su libro “La comida en la historia argentina” nos dice: En 1810 el menú tenía mucha carne y poca pasta. Los fideos se tomaban con las sopas. Había un postre: la mazamorra, que era como un arroz con leche. Ese menú habla de la identidad de aquellos hombres, pero nosotros ya lo hemos cambiado todo. Y eso tiene que ver con la llegada del inmigrante, que revolucionó la cocina de nuestro país. Sobre todo, lo que yo denomino "cocina fusión", que fue la que se generó en los conventillos, donde la cocinera francesa se juntaba con la inglesa, con la española, con la criolla, con la italiana y la rusa. Cada una hacía su aporte y de allí salían platos que no tenían nada que ver con los que se preparaban en sus tierras de origen. Lo podemos comprobar con las pizzas: la pizza argentina no tiene nada que ver con la italiana. Inclusive es diferente a la de Estados Unidos. Hemos logrado platos muy genuinos. La identificación con la comida que tenemos en la actualidad es justamente el producto de esa gran oleada migratoria de fines del siglo xix”.


Creo que la empanada es uno de los emblemas de producto “argentino” que, en realidad, a lo largo de la historia, hemos expropiado a varias culturas ancestrales… pero en estos pagos de guapos y malevos ¡la empanada es tan nuestra como el tango y Maradona! Para hablar de empanadas no me alcanzan los caracteres permitidos, por lo tanto, lo vamos a dejar para otra ocasión y hoy voy a homenajear mis orígenes irlandeses preparando el mejor Irish Stew que puedan imaginarse… pero ¡con cerveza fueguina!

Entonces, hay que servirse una rica Beagle negra y ¡¡comenzar a trabajar!! Es muy simple… y les puedo asegurar que ¡muy sabroso!


RECETA

Vamos a comenzar dorando en una cacerola (si es de hierro, mejor) cubos de carne de cordero fueguino con aceite de oliva. A medida que se van dorando los vamos retirando y reservando. Incorporamos a la cacerola unas zanahorias en rodajas, cebolla en trozos medianos, nabo en cubos, puerro y bastante ajo en láminas gruesas. Salteamos durante un par de minutos y volvemos a colocar la carne en la olla. Le vertemos una buena cantidad de cerveza negra y dejamos que evapore el alcohol a fuego fuerte.

Una vez que el alcohol se evaporó agregamos agua hasta cubrir, laurel, tomillo, romero, sal y pimienta. Dejamos que retome el hervor y bajamos el fuego a mínimo para cocinar por una hora y media aproximadamente, o hasta que la carne esté tierna.


En ese momento agregamos papa en rodajas o en cubos, y cocinamos por unos veinte minutos más. Incorporamos repollo blanco trozado, perejil picado y un nuevo chorro de Beagle. Dejamos que repose unos minutos tapado, servimos en cazuelas con un buen pan fresco crocante… y brindamos por nuestros queridos inmigrantes!


Por Patricio Mac Loughlin


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