LAS DELICIAS DE LOS NIÑOS… Y LOS NO TAN NIÑOS…


Mes del niño, y cuando pienso en esa fecha cierro los ojos y vuelvo atrás en mi memoria. Recuerdo muchos manjares… que seguramente no eran nada especiales ya que no eran preparaciones elaboradas, pero con mis pocos añitos, cuando alguien los preparaba ¡se disfrutaban y se percibían como platos gourmet para mi paladar poco entrenado!

Recuerdo los bifes a la criolla y los zapallitos rellenos de mis tías abuelas, la carne al horno y el puchero de mi madre…, las “pizzitas” también de su autoría (simplemente ¡pan lactal, salsa de tomate y mozzarella!), el helado de limón que preparaba mi hermana con la heladora Antártida, el Vascolet caliente de todas las tardes con los habanitos de chocolate y, por supuesto, muchos otros manjares que más que grandes recetas eran lindos momentos.


Yo crecí, se supone que maduré, y hace muchos años que dejé atrás mi charla diaria con el kiosquero…, pero puedo asegurarles que hay algo que no ha cambiado en mí: ¡una gran pasión por las golosinas! Estoy seguro de que muchos cuarentones de mi época todavía la conservan también.


Y con solo pensar en una golosina mis recuerdos se disparan como fuegos artificiales… Podría dar cátedra en la materia y hablar por varias horas produciendo nostalgia. Porque si hubo exquisiteces que yo disfruté de chico seguro fueron compradas en un kiosco.


Desde los desaparecidos Chocolandia de Noel, pasando por las gallinitas con juguito, hay miles de recuerdos, miles de dulces momentos compartidos con la familia o los amigos… Las Mielcitas, los caramelos Sugus en cajita y los caramelos Fruna. El mítico y primer alfajor Suchard de chocolate, los Milkibar y los bloquecitos Suchard de todos colores. El Aero blanco y negro, los chicles Bubblicious o el gran Bazooka Jirafa, los bocaditos Holanda, el Smack, los chupetines de leche Tatín, las gomitas Plenario, los corazoncitos Dorins y tantos otros que hicieron mejor nuestras infancias. ¡Esos si que eran manjares!


Y hoy, muchos años después de nuestros inicios con las “tentaciones kiosqueriles”, hay grandes clásicos que sobreviven: los chupetines Topolín, tuneados y modernizados pero siempre con sorpresa, los chocolatines Jack, el Pico Dulce, las Gotitas de Amor, los Sugus, las pastillas Stani Frescal, las DRF un clásico argentino, las Vauquitas, las Licoritas y los Marroc, las Bananitas Dolca, los chupetines Baby Doll, las Punch, los bocaditos rellenos de dulce de leche de Bonafide y otros tantos que ya ni recuerdo pero que siguen poblando las estanterías de los ahora llamados drugstores, bah…, ¡nuestros tan queridos kioscos!


Estoy convencido de que las golosinas siempre fueron, son y serán las delicias de los niños…, puede haber tortas, helados y postres exquisitos, pero nada de eso puede opacar la sonrisa de un niño extendiendo la mano y aceptando una golosina. ¿No les parece que llegó la hora de intentar preparar algunos clásicos para homenajear a los pequeños en su día?


Bananitas… ¡igualitas a las Dolca!

Cortar 250 g de pasta ballina en trozos y amasar hasta que esté maleable. Perfumarla con 1 cucharadita de esencia de banana, agregar colorante amarillo y mezclar hasta que el color sea uniforme.

Tomar pequeñas porciones de masa y darle forma de bananita. Colocarlas sobre una placa espolvoreada con un poco de azúcar impalpable y dejar orear. Cubrirlas con 150 g de baño de repostería semiamargo fundido y dejar secar.


Titas… sin su inseparable amiga Rodhesia… ¡pero caseras e increíbles!

Necesitan comprar un paquete de galletitas Manón para las tapas.

Para el relleno, batir a máximo durante unos minutos y hasta que tome consistencia: 1 clara, 2 tazas de azúcar impalpable tamizada, el jugo de 1 limón y 1 cda. de manteca. Si hiciese falta que espese más ir agregando azúcar impalpable hasta lograr la consistencia deseada.


Tomar una galletita y untar con el relleno, colocar otra galletita presionando con cuidado. Alisar los bordes y bañar en chocolate cobertura semiamargo.

Vauquitas… ¡bien argentinas y bien deliciosas!

Una receta muy fácil. Mezclar 250 g de azúcar con 500 g de dulce de leche repostero. Colocar la preparación sobre un papel manteca espolvoreado con azúcar impalpable. Cubrir con otra capa fina de azúcar impalpable y dejar a temperatura ambiente y con ventilación hasta que tome cuerpo. Cortar del tamaño deseado, rebozar nuevamente con azúcar impalpable y dejar secar durante dos días.


Por Patricio Mac Loughlin

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