LA PEQUEÑA VIOLINISTA FUEGUINA

Actualizado: may 14

Priscila Milena Benítez Gaona (9) es una joven violinista, cantante y bailarina fueguina, cuyo increíble talento artístico y especial carisma logran conquistar al público desde el escenario. Nació en la ciudad de Ushuaia, le encanta la música clásica y el folklore y actualmente asiste a cuarto grado, en la Escuela Nº 31 Juana Manso. Su familia está compuesta por Romina y Hernán, sus papás, por su hermana Silene, y por Luna y Nicolo, sus gatitos mascotas.

Ph. MGonzalez

Este año, el Concejo Deliberante le entregó un reconocimiento por su trayectoria artística y también participó junto a su papá en la Fiesta Nacional de la Noche Más Larga. Ella despierta admiración, sonrisas, aplausos, alegría y mucha emoción. Fue de las artistas más aclamadas durante su presentación, con quien el público realmente estableció una hermosa conexión, en un show que hizo vibrar los corazones desde el escenario, su lugar en el mundo.


¿Cómo inicia esta hermosa pasión por la música?

Desde el embarazo escuché música en violín y otros instrumentos. Para mi mamá y mi papá fue muy importante que sienta la música desde bebé, ellos me transmitieron esa pasión. Y cuando nací mi papá me tocaba el violín, la guitarra y lo escuchaba a diario. Después, cuando tenía dos años y medio les dije a mis papás que quería aprender a tocar el violín, y ellos me compraron uno pequeñito, que parecía que lo habían fabricado para mí. Así, todos los días ensayaba un poco y me salía mejor el sonido y ahí aprendí música clásica. Después cuando tuve siete años también quise aprender música folklórica.


¿Cómo han sido tus clases de canto, baile y de violín?

El violín estuvo prácticamente en mi vida desde que nací, mi papá me enseñó a tocar cuando tenía tres años y mi mamá me acompañaba para ensayar todos los días. Además, empecé danza clásica en el Estudio Coreográfico de Ushuaia a la misma edad. También formé parte a mis cinco años de un Coro de Niños y Adolescentes donde aprendí a cantar. Actualmente sigo estudiando violín con mi papá, Danza Clásica con mis profesoras Tatyana Kobzeva y Estela Erman en el mismo estudio y tengo clases particulares de canto con Kika Mousse.


¿En qué escenarios de Ushuaia te presentaste?

Mi primera presentación en público fue en mi Jardín de Infantes N° 10 “Chowen” en el Acto del Día del Himno, cuando tenía cuatro años. Y desde ese momento no paré de ensayar. En el 2014 toqué el violín en el cierre de la 10º Edición del Festival Internacional de Música Clásica en el Hotel Arakur. Una experiencia inolvidable. A los siete años empecé con el folklore, toqué y canté en mi escuela en el Bicentenario de la Independencia. Fue muy divertido cantar y bailar a la vez, al público le gustó. También estuve el año pasado en la Fiesta de la Noche Más Larga, donde conocí al artista Raly Barrionuevo, quien me invitó al escenario a tocar con él. Una noche mágica.


¿Cómo viviste tu presentación en la Fiesta Nacional de la Noche Más Larga?

Fue uno de los mejores momentos de mi vida, tocar en un escenario tan importante, donde es lindo transmitirle a la gente mi pasión por la música folklórica, donde pueden abrirse nuevas puertas para demostrar el arte que hago. En los días previos estoy concentrada con las canciones que preparo con mi papá y trato de que me salga mucho mejor y bien afinado. No es tan fácil, hay que dedicarle tiempo, pero es hermoso cuando todo sale perfecto. Y la actuación es solo un momento que lo vivo con gran alegría, después me felicitan, me alientan a seguir con la música.


¿Alguna meta para el día de mañana?

Cada vez que estoy frente al público me gusta expresar con mi violín la historia que cuenta cada canción. Siento alegría cuando me aplauden y es como un sueño participar de actuaciones importantes y otros festivales. Me encantaría ser una violinista y cantante profesional que pueda recorrer el mundo, regalándole a la gente la música que interpreto con tanta pasión. Sueño con presentarme en los grandes festivales folklóricos del país como Cosquín y Jesús María, también desearía tocar el violín o bailar danza en el Teatro Colón.


Por Jonatan Berrutti

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