BRASIL: LAS PLAYAS VÍRGENES DE PIPA

Actualizado: 14 de nov de 2018

Llegamos a Pipa una noche de luna llena de un fresco marzo fueguino. Habíamos partido temprano desde Ushuaia hacia Natal, capital del estado de Río Grande del Norte, en el nordeste brasileño; allí nos esperaban con una combi que nos trasladó al hotel en Pipa. Por fin, después de un día de viaje y escalas, ahí estábamos, cansadas y fascinadas con la imagen hipnótica de la luna sobre el mar calmo.



Una vez instaladas decidimos salir y dejarnos llevar por las calles que indefectiblemente llevan a la playa. En un centro de estilo rústico, los locales están abiertos hasta medianoche y aunque la fiesta es mucha, termina temprano. Entre las estrechas callecitas que suben y bajan se entremezclan los más variados bares, negocios que venden bikinis, pareos, licores, muñecas de cerámica, vestiditos de hilo blanco, y una amplia gama de restaurantes. La oferta es variada en todos los aspectos. En el medio, circula lo informal: la venta ambulante, el tatuador, el artesano, el que ofrece agua de coco, el malabarista, el músico callejero y la estantería de ojotas hawaianas...


Este antiguo y pintoresco pueblo de pescadores de un poco menos de seis mil habitantes, ubicado a 80 kilómetros al sur de Natal y alejado del bochinche de las grandes ciudades, ofrece una muy buena oferta hotelera y gastronómica, y amplias e interminables playas salvajes de arenas blancas. Por temporada recibe aproximadamente un millón de turistas.

Al sur de Pipa se encuentra el chapadao, un área plana de color naranja que se destaca entre los acantilados que rodean seis kilómetros de playas desiertas y piscinas naturales. Entre las playas más visitadas están la Praia Do Amor que tiene forma de corazón, la concurrida Praia Céntrica con aguas muy calmas y la Praia dos Golfinhos donde se puede nadar libremente junto a los delfines que se arriman a la costa a comer. Un poco más al norte, se encuentra la tranquila Praia Do Madeiro rodeada de palmeras que entre noviembre y mayo también es el albergue de cientos de nidos de tortugas marinas. Finalmente, en el extremo sur se encuentra la menos popular Praia Das Minas que, aunque no es visitada por turistas, vale la pena conocerla.


A pesar de que la oferta hotelera no incluye grandes resorts ni servicios cinco estrellas, las posadas de Pipa ofrecen innumerables detalles pensados especialmente para parejas. La mejor época del año para visitar Pipa es marzo ya que el clima es muy bueno y el precio es de temporada baja (excepto Semana Santa).



Por fin pudimos darnos el gusto de disfrutar de los delfines en estado natural que son, sin duda, uno de los mayores atractivos de Pipa. Cuando la marea está alta se ven desde la playa de los golfinos o la playa de Madeiro. Nosotras tuvimos la suerte de poder nadar cerca de ellos; los lugareños aseguran que este espectáculo está reservado para los que madrugan. En familia, con amigos, en pareja o solos, la propuesta de este rincón del norte ofrece regalos naturales únicos.


Por Karina Veloso

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